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lunes, 9 de abril de 2012

EL DEPOR DE LUTO






El exconsejero del Deportivo Manuel 'Lolo' Montiel, que llegó al club coruñés en 1988 con Augusto César Lendoiro, desde entonces presidente de la entidad deportivista, ha fallecido hoy y será incinerado mañana martes a las 17 horas en el Tanatorio Servisa de A Coruña.



Montiel formó parte del equipo de Lendoiro cuando el dirigente asumió la presidencia del club coruñés a finales de la década de los noventa y se rodeó de personas que procedían del fútbol modesto coruñés.

Lendoiro, que había sido presidente, desde la adolescencia, del Ural, nombró a Montiel, que también coincidió con él en la delegación coruñesa de balonmano, director general del club, función que desempeñó hasta el final de la temporada 1999-00, en la que el Deportivo conquistó el título de Liga.

Meses después de ese triunfo histórico, en julio del año 2000, Montiel recibió la medalla de oro de la Liga de Fútbol Profesional en su sede de Madrid en reconocimiento a los años de dedicación y trabajo al fútbol.

Montiel siguió ligado al club como miembro del Consejo de Administración hasta que decidió retirarse en 2007, año en el que fue homenajeado por los que habían sido sus compañeros desde 1988.



Desde FÚTBOL CORUÑÉS queremos mandar un sentido pésame tanto a la familia de Lolo como a sus amigos, y quedamos a su entera disposición para lo que necesiten.





D.E.P.

sábado, 7 de enero de 2012

PORQUE YO SIEMPRE SERÉ DEL DEPOR



Hace veinte años el Deportivo de La Coruña lograba ascender a Primera División. Llevaba en Segunda desde el año 73 y, antes de eso, se había granjeado la fama de “equipo ascensor”. Pero hace veinte años el Dépor volvió a la élite del fútbol español de la mano de las dos figuras más importantes en la Historia del club: Augusto César Lendoiro y Arsenio Iglesias. Y en la noche del ascenso, en la Plaza de Cuatro Caminos que tantas veces hemos visitado desde entonces, el presidente Lendoiro hizo la siguiente proclama a grito pelado: ¡Barça, Madrid, ya estamos aquí! A muchos les hizo gracia. Un equipo que acaba de ascender cantándole fanfarronadas a los dos clubes más grandes. Cuatro años después, en 1994, el Deportivo llegó a la última jornada de Liga liderando la tabla, pero finalmente la perdió tras empatar en Riazor con el Valencia y habiendo desperdiciado un penalti en el descuento. Un momento durísimo, una sensación de haber estado tan cerca de conseguirlo… un drama colectivo, una ciudad anegada de lágrimas… En una situación así lo fácil hubiera sido poner a parir al Valencia, machacar a González por su gestito al parar el penalti, quejarse de la campaña de presión orquestada desde Barcelona, recordar algún error arbitral, maldecir a Djuckic… Pero no ocurrió nada de eso. Miroslav Djuckic salió a hombros de Riazor y, poco después, un hombre salió a rueda de prensa. Don Arsenio Iglesias, o Zorro de Arteixo, o Bruxo. Y ese hombre, un tipo de aldea afincado en la ciudad, dio una lección de saber perder (que podéis contemplar en el vídeo que encabeza el post). Ni una palabra en contra de nadie, sino todo lo contrario: cierta dosis de autocrítica sin entrar en grandes disquisiciones, porque no era el momento, y una gran parte de resignación, de aceptación del mal hado. (…) Yo creo que estaría escrito así. El equipo ha corrido, no ha jugado demasiado bien. Tuvo muchos atrancos, quizá estuvo demasiado nervioso. Nos faltó marcar un gol (…) Tras un golpe tan duro, el Deportivo no sólo se levantó, sino que voló más alto que nunca. Sólo un año después levantó el primer título de su Historia, ganando la Copa del Rey precisamente al Valencia. Pero no se quedó ahí, sino que en el año 2000 se proclamó Campeón de Liga, convirtiéndose en el ganador proveniente de la ciudad más pequeña. Y poco después logró otro hito histórico, arrebatándole la Copa al Real Madrid en la final conocida como El Centenariazo. Pero aún hay más, porque mientras ganaba una liga, dos copas y tres supercopas, el Dépor logró alcanzar las semifinales de la extinta Recopa y de la Champions League, competición que llegó a disputar cinco años seguidos, durante los cuales tomó plazas tan importantes como San Siro, Old Trafford, Highbury Park, Olympiastadion, el Parque de los Príncipes, Delle Alpi… Anoche esta pequeña ciudad a las orillas del Atlántico, de apenas un cuarto de millón de habitantes, volvió a ver cómo el Deportivo corría pero no jugaba demasiado bien. Cómo tuvo atrancos y estuvo demasiado nervioso. Y cómo, finalmente, se quedó a un solo gol de lograr el objetivo. La diferencia está en la magnitud de la desgracia: por mucho que duela ver cómo una liga se te escurre entre los dedos, descender a Segunda es mucho peor. Incomparablemente peor. Ayer, llegada la medianoche, se pudo haber caído en poner a parir al Valencia, en recordar algún error arbitral, en criticar los fallos de los jugadores, en maldecir a Lotina o pedir la cabeza de Lendoiro… Pero no ocurrió nada de eso. La afición se quedó clava en la grada, mostrando al mundo sus colores, levantando las bufandas, izando sus banderas. Muchos lloraban, algunos intermitentemente, otros de manera desconsolada. Pero muy pocos se movieron de su asiento. El deportivismo aplaudió a sus jugadores, agradeció su esfuerzo, hizo suyo su dolor, comprendió su amarga pena y, finalmente, hizo que algunos de ellos acabaran llorando ante semejante demostración de dignidad y respeto. Ahora no es momento, al menos para el que esto escribe con un nudo en la garganta, de buscar culpables. Ya llegará el tiempo de las críticas. Ahora es el momento de recordar algunas imágenes: la de Arsenio aceptando el destino con , la de una gente sacando a hombros a un destrozado Djuckic, la de una afición que ayer demostró que es el pilar de un club que en veinte años ha logrado hacer Historia despertando más simpatías que malos sentimientos. Es el momento de emocionarse con la imagen de Valerón vagando por el césped, mudo de impotencia; de sentir orgullo al ver a Manuel Pablo yéndose encolerizado al vestuario para obligar a los compañeros que habían abandonado el campo a volver para agradecer a la afición su enorme calidad humana; de consolar las lágrimas de algunos veteranos como Lopo o Riki u otros jugadores que llevan menos tiempo vistiendo de blanquiazul, como Laure o Xisco. También es el momento de llorar, cada uno en su casa y el Dépor en la de todos. Pero este momento ha de durar poco (y así será). El deportivismo levantará al Dépor y todos juntos se pondrán manos a la obra. Podrá ser un añito en el infierno o puede que nos cueste mucho más. Nunca se sabe. Pero que a nadie le quepa duda de que, tarde o temprano, la Plaza de Cuatro Caminos volverá a verse abarrotada por una multitud que de nuevo cantará: ¡Barça, Madrid, ya estamos aquí.


FORZA DEPOR,SIEMPRE EN EL CORAZÓN.

viernes, 6 de enero de 2012

DEPORTIVISTA DE SANGRE


Hoy hemos querido recoger un fragmento de un texto que un deportivista ha dedicado a su padre y al equipo de sus amores el Depor.

¿Te acuerdas de aquel viernes papá? La Historia (sí, con mayúsculas) volvía a tener una cita con nosotros seis años después. Ni tú podías ocultar el nerviosismo propio de quien ha visto a su equipo en lo más bajo, ni yo la ilusión de una niña a la que aquel mayo del 94 le quedaba lo suficientemente lejos para no pensar que se podía repetir y lo suficientemente cerca para recordar que aquella noche algo cambió en todos los deportivistas que lo presenciamos.

Me recogiste antes en el cole aquella tarde y nos fuimos de la mano a dar un paseo antes de entrar en Riazor. El blanquiazul lo llenaba todo, las famosas hormigoneras rugían, un helicóptero no paraba de sobrevolar nuestras cabezas y las sonrisas cómplices entre todos los aficionados…uf… ¡Esas sonrisas! Mezcla de nervios, emoción, ilusión, sueños…

Aunque pueda parecer increíble, fue el partido más corto que jamás he presenciado. Esta vez nada podía salir mal. Desde el primer momento fue una fiesta llena de color y alegría, donde cada gol era un regalo caído del cielo (como si supiésemos que en ese momento comenzaba la mejor etapa de nuestra centenaria historia), quedarse sin voz merecía la pena y verte sonreír como un niño hacía que no importase haber esperado tanto.

Pasaron los noventa minutos, sonó el We are the Champions, la gente saltó al campo mientras los jugadores luchaban a duras penas por alcanzar el túnel de vestuarios…Riazor no se quería vaciar y allí seguíamos, media hora después, gritando, saltando y esperando a que los jugadores saliesen a saludar al palco (la mayoría a medio teñir cumpliendo la promesa que se habían hecho tiempo antes). Y tú, mamá y yo nos abrazamos porque no queríamos que ese momento acabase nunca…

¿Qué llegó después? Los días gloriosos de Champions, los martes y miércoles épicos donde escribimos páginas y páginas en la historia del fútbol, las conquistas en estadios donde nunca nadie antes nos había invitado, las remontadas imposibles, los ídolos que salían con la cabeza baja de Riazor y más que una derrota en el bolsillo…¿Pero sabes con qué me quedo? Con tu cara esa noche que sonó por primera vez el himno de la Champions en Riazor, me decías que era un sueño y que lo aprovechase, que probablemente nunca más conseguiríamos algo parecido, mientras resoplábamos y aguantábamos la lagrimilla que estaba a punto de caer… Y sé muy bien porqué lo decías, porque te había oído decir mil veces que en los casi veinticinco años que nos pasamos en Segunda los dorsales se cosían minutos antes del comienzo de los partidos porque no había camisetas para todos, porque los jugadores llevaban y traían sus toallas de casa porque no teníamos ni para la lavandería, porque el pabellón de deportes se llenaba con el Liceo y a Riazor iban cuatro gatos…Pero los dos sabíamos que esa noche algo había cambiado ya, que éramos grandes y que había que disfrutarlo.

Después de esa noche hubo mil más, cinco temporadas para recordar, partidos de libro que nunca nos hartaremos de ver, con Centenariazo incluido (¿te acuerdas que lloraba tanto que no me salía ni una palabra y tú te reías de mí?), jugadores que se iban y jugadores que se quedaban rechazando mil ofertas, Riazor lleno, goleadas, el único equipo español que ha ganado en el Olímpico de Munich, Old Trafford mudo con el 2-3, PSG, Milan, Djalma y sus lambrettas…

Y nuestro Centenario donde volvieron todos aquellos por los que me enseñaste a amar a este Club, donde te reencontraste con muchos amigos que hacía años que no veías, donde animamos otra vez a nuestro SuperDepor y donde dos meses después nos dejaste para animar a tu equipo desde la Tribuna del cielo.

Algún día volveremos a celebrar las victorias juntos.

Te quiero

P.D: Y como dice nuestro Julito..."Cómo han pasado los años, las vueltas que dio la vida"